NUESTRA LIBERTAD REAL

Lucía Draín

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La autoproclamada democracia española otorga orgullosa el derecho a la libertad de expresión. Nadie lo niega. Pero mientras la última generación comprometida ya sólo se dedica a tatarear a sus cantautores, la democracia languidece por la ausencia de LIBERTAD DE DIFUSION. Como lo prueba, la muy premeditada prohibición de nuevas emisoras de televisión y radio. Ningún grupo, asociación, iglesia o sindicato. Ninguna ideología, ninguna empresa o cooperativa de profesionales, ni un simple individuo puede difundir libremente, mediante TV, sus programas y opiniones. Es un hecho, ¡nadie!. Está prohibido. La inmoral ley que regula esta prohibición, limita drásticamente el número de licencias, y lo que es peor, las licencias se otorgan por decisión política. No existen, ni remotamente, inconveniente técnico para limitar las emisoras de TV. Este es nuestro nivel de libertad real: Expresión sin Difusión.

 

Como resultado, el mensaje único, o el denso silencio. Neblina intelectual que se acentúa en determinados temas: insumisión, maniqueísmo terrorista, blanqueo del narcotráfico, la UE capitalista (nuestra unidad de destino en lo universal), apaleamiento de "okupas", venta de armas, autodeterminación, consumismo teledirigido, ludopatías promovidas por el Estado, homicidios y otros delitos ocultos en las estadísticas de Tráfico, ecologismo industrial, ... Pero, destacadamente, en todos los sistemas políticos de cualquier pelaje, el tema estrella en manipulación informativa es el culto acrítico a la personalidad: Stalin, Kennedy, Fidel Castro, De Gaulle, Hassan I ... Y en nuestro triste caso: Juan Carlos de Borbón

 

Casi siempre los elementos de promoción de imagen parecen copiados de la prensa del corazón. Una lluvia fina de fanfarrias olímpicas, presidencias honoríficas, embajadas internacionales, visitas y bodas populares (de Sevilla a la Celsa pasando por Compostela), audiencias onomásticas, entrevistas desenfadadas, ecologismo superficial,... Aunque en contadas ocasiones se pretende un relumbre político o histórico completamente desproporcionado. Como en el caso de la Transición Española, y especialmente en el 23F.

 

Pocas personas se preguntan, y por supuesto nadie contesta, por qué el rey, aquel día, tardó siete (insisto, siete) largas horas en ejercer públicamente su autoridad militar sobre los rebeldes. Teniendo casi todas las emisoras de radio sin ocupar. Por qué su mensaje televisivo sólo ocurrió quince minutos después de que Alfonso Armada abandonará el Congreso sin constituir su "gobierno de gestión". ¿Dónde está la contundencia en la defensa de la democracia?. Lo que realmente habría sido contundente sería haberse dirigido a toda España mediante las emisoras disponibles (la inmensa mayoría de ellas). Lo heroico habría sido asumir inmediata y públicamente la situación desde su autoridad militar. Lo definitivo, haber impedido cualquier intento de solución "Armada". ¿Es mucho pedir para tanto relumbre histórico?.

 

Ay!, Alfonso Armada. Impresionante biografía que recuerda un cruce de mil caminos. Condenado en el juicio del 23F81 a 30 años de cárcel (pequeño error periodístico del paladín demócrata Luis María Anson, Titular ABC 24F: "Armada no tuvo nada que ver con el golpe"). Nombrado por Franco en 1955 preceptor del príncipe (y parece que ocurrió ayer). Fue secretario de la Casa del Rey hasta que Suárez forzó su destitución, por involucionista, amenazando con la propia dimisión. Y así, después de sus 22 años con el rey, es destinado como general a Lérida. Durante los meses anteriores al 23F81 realiza una intensa actividad política. Actividad propia del eventual presidente de un gobierno de gestión. Diez (!!) audiencias reales, entrevistas secretas con decenas de políticos: Múgica (PSOE), Pujol (CiU) y media UCD (actualmente en el PP). El "gobierno de gestión" y, sobretodo, sus reales apoyos son un secreto a voces durante el largo otoño del 80.

 

El gobierno de Suárez, legitimado por las urnas el año anterior, es acosado desde todos los frentes a espaldas de la opinión pública. Desde todos los frentes. La puntilla llega en Enero: seis días después de la dimisión de Suárez, Armada es "rehabilitado" y nombrado 2º Jefe del Estado Mayor de Tierra. Bonita promoción. ¿Realmente, qué fue causa y qué fue efecto?. ¿Por qué Suárez se ha negado siempre a explicar su dimisión?. Y desde tan privilegiada trayectoria, el día 23FEB81 pudo pretender el, tan traído y llevado, gobierno de gestión. La historia, la verdadera historia, le pone muy difícil al rey alardear del 23F.

 

En fin ... Por supuesto que sería injusta la enmienda a la totalidad de la Transición o la descalificación global del rey. Es justo reconocer que Juan Carlos de Borbón consigue transmitir una personalidad pacífica y exenta de desviaciones megalómanas. Que no es poco para un gobernante. Pero asimismo, es inadmisible la actual imagen idílica, el marchamo de pureza demócrata, el mensaje único junto con la nula difusión de todos los anteriores datos. ¿O acaso son mayoritariamente conocidos?.

 

En estas circunstancias es impropio de una democracia el papel de arbitraje que la Constitución da a la monarquía. Por cierto, ¿qué diantres significa la palabreja "arbitraje"?. Tal vez sea apadrinar pactos secretos como los alcanzados por Aznar-Gonzalez-Suarez tras las elecciones del 96. ¿Qué acordaron?, ¿hubo amenazas o chantajes?, ¿a quién representa Suárez?. ¡Caramba, con la reunión secreta!, con las urnas todavía calientes. ¿Pero, qué se han creído estos señores?.

 

Pero más allá de sus carencias democráticas, el papel de la monarquía es inapropiado cuando el rey insiste en pronunciarse a favor de Maastricht y de la OTAN. Especialmente, cuando no se ha posicionado contra la corrupción, fondos reservados y otras lacras. Y especialmente, cuando en todos los mentideros políticos se le relacionó con el nombramiento de Eduardo Serra, abriendo la Gran Duda (la postura del rey sobre el terrorismo de Estado). Como inapropiado es su "status" personal, cuando la Justicia española no le es aplicable, situándole más allá del bien del mal. Cuando sigue siendo la máxima autoridad militar, cuando posee una arcaica estructura machista, cuando carece de revalidación popular.

 

Y ahora, la historia se repite entre bostezos. Mientras los "apoliticos" son hipnotizados con fútbol, concursos y prensa del corazón, vemos sin sorpresa la nueva y casposa campaña de imagen: la serie televisiva zoológica, con 500 millones de costes de producción, donde "participa" el joven futuro rey, Felipe de Borbón. Esta es nuestra libertad real en la "España Salvaje". http://www.demopunk.net/sp/ldrain